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El choux nace en Europa durante el Renacimiento, asociado a la llegada de la tradición pastelera italiana a la corte francesa. Con el tiempo, esta preparación fue perfeccionada por grandes maestros de la pastelería francesa hasta convertirse en una de las masas más versátiles y elegantes del mundo.
Su nombre proviene del francés choux, que significa “repollo”, por la forma redondeada e irregular que toma al hornearse. Detrás de su apariencia delicada hay una verdadera obra de técnica: una masa cocida elaborada con ingredientes simples —agua o leche, mantequilla, harina y huevos— que, gracias al vapor generado durante la cocción, se expande y crea un interior hueco, ligero y perfecto para rellenar.